MILITANCIA REVOLUCIONARIA. A VUELTAS CON LAS CIFRAS
LA IZQUIERDA DE LA IZQUIERDA. ÉRAMOS MUY POCOS
Este trabajo es una aproximación a la militancia de
izquierdas, poniendo el foco en las izquierdas de mas allá del PCE, pretende
acercarse a cuantificar la extrema izquierda, la considerada por sí misma
revolucionaria en sus documentos. Fue protagonista, en parte, de los cambios
ocurridos en España desde mediados de los años sesenta, en los estertores del
franquismo y transición, hasta 1982.
Los
grandes troncos de los partidos que existieron en esa época fueron: VOJ-AST,
FLP-FOC-ESBA,
PCE-PSUC y ETA, mezclados en distintas proporciones cristianismo y marxismos, fueran
leninismo, trotskismo o maoísmo, se
encuentran en toda la militancia radical, añadiendo los anarquismos y unas
gotas de nacionalismos. En ‘El proyecto
radical’ de José M. Roca, se hace una buena descripción de las corrientes
políticas. Desde mediados de los sesenta, surgen por escisión partidos que se
sitúan más a la izquierda que sus matrices, y salen militantes de los citados
troncos hacia los nuevos, en ocasiones siguen manteniéndose los viejos, caso
del PCE, en otras provocando la
disolución, caso del FLP. Será una constante del período que muchos individuos
militen hora en un grupo, después en otro, produciendo como resultado cifras
que inducen a errores de cuantificación por dúplica.
Alimentado
por el enorme activismo que tuvieron los militantes de la izquierda radical se
acrecienta su importancia, pero numéricamente fueron pocas decenas de miles
coincidiendo al mismo tiempo. Roca los cifra en unos 50.000 en sus mejores
momentos.
Existen dificultades para obtener cifras sobre
militancia, mayores cuanto más a la izquierda o más pequeños fueran los grupos,
las duras condiciones que rodeaban la actividad política fomentaba ocultar
datos. Cifras diversas podrían explicarse porque describen realidades distintas,
conjuntos de individuos representando conceptos diferentes de compromiso y
militancia son sumados como iguales; a veces suman militantes de unos y otros
tiempos, sin considerar los que abandonaron, que pueden estar en casa o en
otros partidos, provocando duplicidad. La credibilidad también sufre por
idealización y subjetividad, por no homogeneizar criterios, etc., lo cual invita
a tener cierta prevención. Apoyado en la propia experiencia de militancia
durante aquellos años, divido el trabajo en apartados que permitan acercarnos a
las cifras y sostengo la tesis siguiente:
Éramos muy pocos en relación a la suma de antifranquistas
y/o demócratas que pretendían reformas en la senda europea, incluso éramos pocos
en relación al conjunto de las fuerzas de izquierdas que apoyaron la ruptura/reforma
pactada en la senda democrática.
Objeto de
estudio: militancia de extrema izquierda 1965 - 1982
Desde
mitad de los sesenta, contra el franquismo y durante la transición, lucharon
cientos de miles de personas en uno u otro momento, por muchos lugares,
fábricas, universidades y barrios, obreros y estudiantes, también gentes de
teatro, cine, prensa; abogados, editores, libreros, colegios profesionales,…
incluso en algunas instituciones hubo minorías activistas, como en la Iglesia,
el ejército… Los movimientos estudiantil, vecinal y obrero desgastaron las
opciones continuistas del régimen, siendo fundamental para evitarlo las luchas
obreras que rompían la producción desestabilizando el orden y la legalidad
vigente. De entre aquella multitud, hubo unas cuantas decenas de miles de
activistas que lo hicieron de forma estable, continuada y organizada y que no
solo tenían objetivos inmediatos, tenían proyectos políticos para sustituir al
franquismo incluso algunos soñaban con construir una nueva sociedad, sin clases
y sin explotación, a ese colectivo nos referimos como extrema izquierda o izquierda
radical.
Antifranquistas
hubo mucha gente sin adscripción partidista, entre los militantes que lucharon
establemente no solo hubo comunistas e izquierdistas radicales, también hubo
monárquicos, demócratas, republicanos, nacionalistas, liberales, demócrata
cristianos, falangistas, sindicalistas autónomos, sectores de la Iglesia post
conciliar,... la contribución de grupos cristianos en las luchas obreras fue
numerosa, e importantísima en los años ’50 y ‘60, su participación fue clave en
grandes huelgas, determinante en Asturias, Euskadi, Cataluña y Madrid, en la
creación de las primeras CCOO, y en el desarrollo y organización de luchas
sindicales y vecinales; a finales de los ’60 y ’70 muchos cristianos se
mezclaron con el marxismo y formaron parte de la militancia comunista y de la izquierda
radical en sus mismas agrupaciones, o reconvirtiendo directamente las suyas
propias, caso de AST-ORT, 1970.
Otros muchos siguieron peleando solo
desde su condición cristiana.
El
PCE destaca en 1965 en ‘Nuestra Bandera’:
‘’su ‘importante actividad, extensa e intensa, entre
las que HOAC y JOC no son las únicas actividades bajo el apelativo cristiano, Los otros grupos católicos, éstos ya de tipo clandestino –Solidaridad de
Obreros Vascos (SOV) y Unión Sindical Obrera (USO) en Euzkadi, Sindicatos Cristianos
en Cataluña y Federación Sindical de Trabajadores (FST) en Madrid– difieren ya
bastante de hoacistas y jocistas, aunque a veces estén nutridos por militantes
de ambos orígenes. En realidad se trata de grupos abiertamente políticos, no
ligados a ninguna labor de apostolado, portadores de una u otra línea política
al movimiento obrero’’.
Sobre
sociología política y religión resultan imprescindibles los numerosos trabajos
de José Ramón Montero.
Interesante el documento aportado por Pere Ysás,
sobre activismo político de los sacerdotes antes de morir Franco, cuantifica 2.558
individuos sobre 23.971, lo que permite relativizar su importancia militante. Otro
colectivo no necesariamente coincidente con los anteriores son los curas
obreros, unos pocos curas trabajan como obreros, algunos compaginando sus
tareas parroquiales, otros comprometidos en organizaciones, en todo caso
fenómenos diferentes y minoritarios respecto al de la militancia activista de católicos
en organizaciones obreras y/o marxistas.
De
entre las decenas de miles de antifranquistas, destacó la militancia comunista
por su organización, capacidad de lucha y entrega, el PCE y los grupos de
extrema izquierda, leninistas, trotskistas, maoístas; también unos pocos
socialistas. Y por supuesto los anarquistas, que aun sin representar el
protagonismo que tuvieron en la primera mitad de siglo XX, fueron importantes
luchadores antifranquistas, que este trabajo deja al margen para mejor ocasión
por falta de fuerzas para abordarlo. A partir de mediados de los años sesenta
un conjunto de acontecimientos influye en los sueños de muchos españoles que se
incorporarán al activismo político: la revolución del 68 en Europa y EEUU,
París, Praga, la guerra de Vietnam, las luchas
por los derechos civiles-negros, la
revolución China, la ruptura Chino-Soviética, las luchas por la independencia
en África, el Concilio Vaticano II… curas guerrilleros en América Latina; en
España se empezarán a conocer los movimientos ecologistas,
antimilitaristas-pacifistas, -que tomarán protagonismo en los ‘80-; y el
feminismo. La lucha feminista generará una dinámica revolucionaria, en parte
compartida duplicando militancia con la izquierda radical dentro de sus mismas
siglas y en parte como movimiento feminista con fuerza y poder independiente.
A mediados de los sesenta en España, se incorporan nuevas
hornadas de jóvenes militantes, estudiantes y obreros, y se generan nuevas
posibilidades de potenciales encuadramientos que se traduce fundamentalmente en
los grupos a la izquierda del PCE, aunque nunca llegaron a tener su potencial.
El hecho es que la militancia comunista con su impronta de emoción
transformadora de la sociedad ya era posible realizarla en variados partidos
diferentes. La escuela de lucha, de estudio y relaciones de cada persona, tiene
mucho que ver con los individuos que estuvieran cerca en la universidad o el
trabajo. Naturalmente que podía elegirse la opción política, mejor en los setenta
que en los sesenta, pero las relaciones de proximidad humana eran altamente influyentes
en la adscripción partidista de cada persona, aún siendo determinantes la lucha
contra la dictadura y los sueños de una sociedad sin clases, las relaciones
personales influían poderosamente en las afinidades identitarias, como era
visible en las constantes fracciones.
Un individuo se hacía trosko porque sus amigos lo eran, o prochino,
porque un compañero en quien confiaba se lo pedía, etc. Después de tomada la
decisión, una vez dentro, la identificación grupal funcionaba integrándolo, las
relaciones humanas, las discusiones, las acciones, toda la actividad que se
realizaba intentaba diferenciarse del resto de partidos y ello conducía a
reafirmarse en la elección inicial. Hasta que llegaban otros momentos en los
que el desarrollo interno de cada cual, iterando con las modificaciones del
entorno, del propio grupo, y/o de la sociedad, empujaban en otra dirección y
producía abandonos o cambios de grupo.
La incorporación de nuevos activistas junto con los
escindidos procedentes del PCE, FLP, de grupos cristianos y de ETA, configuran nuevos
grupos situados a su izquierda, según sus documentos y objetivos declarados,
luchan contra el franquismo y contra el capitalismo, pretenden construir una
nueva sociedad comunista mediante la revolución, sea socialista, democrático
popular, antiimperialista... Son militantes comunistas, marxistas, leninistas,
trotskistas, maoístas, anarquistas, cristianos… y feministas, éstas doblarán militancia
en los grupos anteriores y serán pieza fundamental en la gran revolución española
del siglo XX.
Durante
aquellos años sesenta y setenta destruimos los pilares de la sociedad
franquista e intentamos construir una nueva sociedad distinta a la que había.
En la destrucción y construcción participaron millones de personas sin un guión común, empujando no
necesariamente en la misma dirección, ni con la misma fuerza e intensidad. La
militancia de la izquierda radical sin tener objetivos compartidos, fue una de
las fuerzas dentro del conjunto de luchas y movilizaciones en las que participaron
muchas otras personas e identidades difíciles de homogeneizar, salvo en su
antifranquismo y deseos de vivir mejor. La resultante de aquellas luchas fue la
sociedad española en la que vivimos, hasta la crisis de 2008. Mucha de aquella
gente renunció desde los ochenta al resultado y no aceptaron su protagonismo en
la creación de la España democrática, no quisieron responsabilizarse de lo que
habían logrado cambiar, no aceptaron el resultado porque no era el soñado,
aunque contribuyeron al mismo con sus esfuerzos. Sin la izquierda radical, la
sociedad hubiera sido más derechista y cercana al franquismo.
Aproximación a las cifras considerando datos de
prensa y revistas
El
escaso consumo de prensa y revistas permite tener idea de que los interesados por
transformaciones sociales radicales eran muy pocos, las cifras de prensa y
revistas son referidas a la generalidad amplia de antifranquistas, de los
cuales solo una parte militarían en la izquierda radical. Por supuesto mucha gente luchadora no leía, pero es difícil considerar
un cuadro militante organizado establemente, sin profusión de lecturas. Marx, Bakunin, Lenin, etc.
dedicaron enorme esfuerzo al estudio ya que muchos desposeídos reducían toda
explicación a una pelea y una frase, ‘‘los
malos son los ricos, ellos nos explotan’’. Aquellos revolucionarios
comprendieron que era imprescindible explicar la realidad y proyectar salidas para
transformar voluntades.
Triunfo
a partir de 1962 fue referente de todas las izquierdas, su tirada era de 57.000
ejemplares, logrando un pico máximo, 160.000, en su reaparición enero 1976,
tras secuestro anterior, a partir de entonces cayó imparable hasta su
desaparición en 1982; en marzo de 1978 se escinde La Calle vinculada al PCE,
su tirada se situó entre 20/30.000. Cuadernos
para el Diálogo, 1963/1978 referente entre los demócratas, tiraba 40.000
ejemplares cuando cierra. El País, referente del conjunto de
sectores democráticos y de izquierdas, sale en mayo de 1976, con 100.000
ejemplares, pronto aumentará hasta 150.000. La
Vanguardia 180.000 ejemplares. La
prensa del Movimiento, en 1975, en sus 38 periódicos tiraba conjuntamente
452.000 ejemplares, según Miquel de Moragas.
Tras
la muerte de Franco aparecieron muchas revistas, ya no valen las tres grandes referencias, Cuadernos de Ruedo Ibérico 1965/1979,
Triunfo 62/82 y Cuadernos para el Dialogo 63/78. Los partidos no satisfacen
la necesidad de debate en la búsqueda de salidas y aparecen nuevas plataformas.
El Viejo Topo, la de mayor éxito
entre las rojas generalista, tiraba unos 24.000 ejemplares, bajando a partir de
1978 hasta los 17.000. Vindicación Feminista; Monthly Review, Transición, Teoría y Práctica; Argumentos,
La Calle, Materiales, Mientras Tanto, El Cárabo, Negaciones; Ozono, Alfalfa, Butifarra, Bicicleta, Star,
El Papus, Saida; Ajoblanco salió en 1974, tiraba unos 26.000,… En 1981 habían desaparecido más de veinte
semanarios y revistas, algunos habían iniciado su andadura después de 1975. Las
revistas teórico-políticas tiraban en torno a 5.000 ejemplares, la mayoría
cierran antes de 5 años; menos las de inspiración socialista, Sistema, Zona Abierta y Leviatán. Los libros políticos sacaban
ediciones de 1.500 ejemplares como máximo, el interés por la lectura, la
formación y la búsqueda de preguntas y respuestas, quedaba reducido a una
pequeñísima parte de los antifranquistas cuando ya en la década de los setenta
se publicaban muchos títulos marxistas, feministas, ecologistas…
Contextualizando cifras por comparación: CCOO, PCE,
UGT, PSOE
Generalmente
se acepta que la mayor fuerza que se enfrentó al franquismo fueron los
comunistas. En los ’40, ’50 y ‘60, cualquiera que quisiera luchar contra la
dictadura se daba de narices con la realidad de que
necesitaba agrupar sus esfuerzos, y encontraba en ‘‘el Partido’’, el PCE, la mejor
estructura que lo permitía, era la mayor
organización, mejor preparación y empuje para combatir la dictadura. A su lado
coexistían con menor capacidad grupos anarquistas, que no son objeto de este
trabajo.
A
partir de la mitad de los sesenta las cosas cambian y la competencia de
múltiples grupos, y movilizaciones ajenos al PCE aumentaron considerablemente. Existan
más datos sobre el PCE lo cual sirve para contextualizar cifras de los grupos a
su izquierda, su utilización mostrará alguna disparidad con los datos facilitados
de la izquierda radical, y el control que en realidad éste realizaba de las
luchas y organismos sindicales y políticos, lo cual solo era posible con una
superior fuerza numérica. Un aspecto a considerar es la militancia residente
fuera de España, en algunos grupos la militancia estaba formada en parte por
españoles emigrantes, quienes buscaban apoyos políticos, diplomáticos y
financiación en su demarcación exterior, lo cual aumentará los números al ser
cuantificados militantes.
El PSOE en 1974 cuenta con 2.548 afiliados en
España, según Eduardo Villaverde. El PCE en 1975 cuenta con 15.000; José Ramón Montero, citando a Carlos
Elordi en La Calle.
Santos Juliá escribirá:
‘’mientras la oposición creaba plataformas democráticas, muy pocos
españoles corrieron a engrosar las filas de los partidos y sindicatos que
presuntamente deberían dirigir esa ruptura. Los socialistas no contaban en 1975
probablemente con más de 5.000 afiliados en el interior y en el exterior y los
comunistas mejor organizados y activos… no debían llegar a 15.000’’.
En julio de 1976, CCOO celebra su Iª Asamblea
General en Barcelona; 6.501 delegados ‘’eligen el Secretariado General, las
fuerzas del PCE, a pocos meses de morir Franco logran 20 puestos de 27. El
resto se lo reparten PTE, ORT, MC, 2
cada uno y 1 el PSP’’, Wilhelmi .
Aunque la correlación no fuera
equivalente al 74% que reflejan los resultados, sí habrá que deducir que la
mayoría eran apoyos al PCE, bastante superiores a lo sumado por el conjunto de
fuerzas de extrema izquierda que peleaban dentro de CCOO, lo cual induce a
pensar que su militancia conjunta sería muy inferior a la del PCE.
Otro ejemplo en la misma línea podemos observarlo poco
después, en 1978, al ser elegida la Comisión Ejecutiva de la Comisión Obrera
Nacional de Cataluña, de 50 miembros, son elegidos 42 del PCE-PSUC, que
representan un 84%, 3 miembros del MC, 2 de LCR y 2 independientes, según Joel Sans Molas.
Sería fácil aceptar que, en esas fechas, la militancia del conjunto de la
izquierda radical presente en CCOO no llegara, probablemente, a la mitad que la
del PCE-PSUC.
Enrique
Aguilar Galán cifrará los afiliados a UGT para toda España en 1976, en 7.000, y
los del PCE en el momento de su
legalización producida en 1977, en 15.000 los militantes de cuota.
Gonzalo
Wilhelmi, en la obra citada, y para 1976 en Madrid, atribuye a ORT, 1.600 militantes, 500 al PTE, 200 al PC m-l, 300
al MC, + 300 simpatizantes, 100 a LCR…
Siguiendo con los sindicatos para CCOO-Madrid da la cifra de 4.500 y 600 para
UGT-Madrid. Un año después, 1977 se legalizan los sindicatos aumentando las
afiliaciones, CCOO-Madrid aumentará hasta 349.000 y UGT hasta 2.000. Sin
embargo a este crecimiento ilusionante pronto le siguió una caída, para 1980
afiliados y simpatizantes fueron muy inferiores a los de las elecciones de 1978.
En datos de CCOO vemos caídas a la mitad, y a la mitad.
Mayores medios y apoyos de los reformadores
permiten a PCE-CCOO y PSOE-UGT imponerse a los radicales, tanto en el ámbito institucional
como en las luchas locales y sectoriales, las cuales frenan y encauzan, lo consiguen
muchas veces porque numéricamente son superiores a las fuerzas radicales. Se extendió
la práctica de romper carnets en las luchas, pero la extrema izquierda no
consolidaba apoyos estables, como constató en las elecciones generales. Incluso
las cifras del PCE en las elecciones demostraron que la gente se inclinaba por
opciones más democrático burguesas.
Durante la Transición la velocidad a la que corrían los
acontecimientos era enorme, la aceleración personal y social hacía estragos en
las posturas individuales y colectivas, modificando comportamientos militantes,
individuales y sociales, de relación, de gustos, de preferencias… La
aceleración histórica y mayor conocimiento del exterior fueron influyendo en el
abandono de ideas revolucionarias, marxistas, favoreciendo que se extendieran
nuevas ideas y estructuras colectivas de encuadramiento político que
permitieran militar sin el compromiso y las exigencias anteriores.
Desde los inicios de la transición fue normal el transvase de
militantes de unas a otras agrupaciones, desde la izquierda radical en mayor
medida hacia el destino del socialismo, y pocas veces al revés del socialismo
hacia el comunismo. La estructura asociativa PSOE se adaptaba mejor a esta
realidad de libertades individuales y demostró un buen trabajo de sus cuadros
de organización que consiguen adecuar lo interno con la política externa, la
capacidad de influir en la sociedad, en los deseos de cambio de millones de
españoles. Ningún otro partido supo adecuar organización y política como los
socialistas, ello incluyó sin duda la aceptación y utilización de las
capacidades de militantes de la izquierda radical, el partido que pretendiera
gobernar necesitaba miles de cuadros experimentados insertados en la sociedad y
los necesitó desde 1977.
La
actividad política de la militancia de extrema izquierda del 65 al 82 a pesar
de su escaso número, fue muy importante, logrando contener y empujar
constantemente al PCE y PSOE mas allá, hasta el punto de en bastantes ocasiones
‘torcer la rama al otro lado’, lo
suficiente como para que la
resultante de la Transición no fuera totalmente continuista, pero las fuerzas
radicales quedaron lejos de los objetivos revolucionarios expresados en sus
documentos, lo cual lleva a preguntarse ¿por qué? Una de las respuestas debería ser: Porque éramos muy
pocos. Éramos muy pocos en relación:
al conjunto de los que se enfrentaban al franquismo por mejorar sus condiciones
de vida, pero no por la revolución, éramos muy pocos en relación a los
comunistas del PCE. Y pocos en relación
a los socialistas, en principio bastante dispersos en multitud de grupúsculos
sin apenas presencia en las luchas obreras y vecinales, salvo algunos pequeños
núcleos en el norte: Pero los diversos grupos y militantes socialistas fueron muy
influyentes en sectores de la Administración, empresariado, pequeña burguesía,
profesionales, comunicación…
La militancia
varía en cada etapa: 1965/1970/1975/1977/1979/1982
El
objetivo a cuantificar son las opciones a la izquierda del PCE, PSOE, pero los
datos de afiliación de estos partidos más grandes son más conocidos, lo cual permite
cifrar las fuerzas de extrema izquierda por aproximación, considerando que éstas
nunca lograron rebasarlos, salvo en contados lugares y momentos, de ahí la
importancia de los datos de PCE-CCO, PSOE-UGT como referencia.
Guy
Hermet en su obra ‘Los comunistas en
España’ cifra la militancia del PCE en 1968/69 entre 5.000 y 10.000 en el interior, en España,
se basa en documentación interna, en informes de la CIA, y en ‘Spain. The Gentle Anarchy, de Benjamín Welles, New York F.A. Praeger. 1965, p 206’. En el libro cita
a Carrillo, el cual habla en un mitin de 35.000 militantes, contando el
exterior; en la misma obra Hermet cifra la suma de PC-ml y PC (internacional), en
1.000/1.500, sumando la emigración.
Jorge de Esteban y Luis López en ‘Los partidos políticos en la España actual’ se
inclinan por la cifra de 5.000 militantes para el PCE, antes de la muerte de
Franco, citando como fuente a Paul Preston.
Nicolás
Sartorius en ‘La memoria insumisa’ da
cifras del PSOE, para el XII Congreso en 1972,
de 2.216 afiliados, y para el de Suresnes dos años después, en 1974, de 2.584 afiliados.
Para el primer congreso celebrado por el PSOE en el interior en 1976, Jorge
de Esteban y Luis López en el libro citado dan la cifra de 8.000 miembros.
La
militancia fue más dura y reducida en los ‘60 que posteriormente y no encontramos
las mismas dificultades en los años 1970 al 75, que después, en los que hubo
mayor permisividad social y legal, en parte lograda por las luchas sociales y
la transición a la democracia, ello explica la existencia de más de un centenar
de siglas de partidos, grupos, coordinadoras, sindicatos, agrupaciones…. Detenciones,
palizas, cárcel y despidos se produjeron con mayor dureza durante la vida del
dictador, aunque después en la transición también estuvieran presentes, no es
posible olvidar los 250 muertos, asesinados por grupos ultraderechistas y por represión
policial, en manifestaciones y huelgas, calles y despachos, por hacer una
pintada o repartir panfletos…
En los años 1975,
76, 77 aumentó la militancia, en 1977 se legalizan los sindicatos y se produce
una explosión de afiliaciones, es un período de efervescencia movilizadora,
coincide una gran crisis política, primeros pasos de reforma, final de etapa
desarrollista, la crisis del petróleo, continuos topes salariales, crisis
industrial… para quien estaba dentro todo parecía posible. Pero las luchas
duraban días, a veces semanas, muy pocas, meses, la movilización de los mismos
individuos era ocasional, los activistas pasaban de unos a otros momentos y
lugares, considerar todas las personas movilizadas como militantes radicales
organizados establemente resultaba exagerado.
Los
resultados de las elecciones 1977 son un choque de sueños contra realidad.
535.000 fueron los votos sumados de la izquierda radical que se presentó a
elecciones, -otros defendieron abstención-,
el PCE obtuvo 1.709.890 votos. Así
fueron analizados los resultados por Octubre-Unión ML en la Revista ‘Manifiesto nº
31, julio de 1977’.
El PSOE ha alcanzado
el 28% de los votos y el 33% de escaños. En términos absolutos cinco millones
largos de votos…
Varios factores han
concurrido: El PSOE no es un partido desconocido para la pequeña burguesía y la
clase obrera, históricamente ha sido el
partido de base obrera de mayor importancia hasta 1939. Aunque prácticamente
desaparecido de la escena política hasta 1973 ha recogido una tradición y un
recuerdo de su presencia política que sólo por la vía electoral se podía
manifestar ya que no ha sido un partido de lucha.
Así prácticamente
han coincidido los triunfos electorales del PSOE en 1977 con los obtenidos en
las votaciones del Frente Popular de 1936,…
EI apoyo económico
de la social democracia, fundamentalmente de la alemana ha sido decisivo para
permitir desarrollar una campaña electoral amplia con presencia en todo el
Estado y con las técnicas publicitarias que el marketing po1ítico exige a estos
partidos electoralistas…
Existe un último
aspecto que ha privilegiado al PSOE y es la influencia de la ideología burguesa
en el seno de amplios sectores populares que están imbuidos de las ideas
burguesas del socialismo moderado, del anticomunismo…’’
El PCE ha obtenido
1.700.000, en Madrid 245.000
…/…
En Madrid los resultados electorales (de la izquierda radical) han sido:
Candidatura de los Trabajadores de Madrid.
(ORT)………. 14.781
Frente Democrático de Izquierdas. (PT). ………………………
12.694
Candidatura Unidad Popular. (MC, MS, PCT)…………………..
5.078
Frente por la Unidad de los Trabajadores. (LCR,
OIC, AC)… 3.001
El
Equipo de La Vanguardia, cuantifica para el año 1977, en 4.000 los afiliados de
LCR; 30.000 los del PCE y 20.000 los del PSUC; y 30.000 para el PSOE.
Tezanos cifra en 51.552 los militantes del PSOE para 1977.
En
torno a las primeras elecciones celebradas en 1977, el PTE y ORT conjuntamente,
podían sumar 15.000 militantes, según Joaquín
Aramburu del PTE; Andy Durgan, de MC, asigna 7.000 efectivos a MC; Wilhelmi da
para LCR 3.500 militantes, 100 de ellos en Madrid y para OIC bastantes menos,
asignará al MC 200 militantes mas 200 simpatizantes en Madrid, y 500 al PTE.
Joel Sans en la obra citada, estima una cifra conjunta de entre 25/30.000
militantes la suma de PTE+ORT+MC+LCR+OIC.
Comienza
el desencanto entre la militancia radical, que se agravará tras las elecciones de
1979 en las que el conjunto de izquierda radical que participó en las mismas obtuvo
un número y proporción total de voto similar, 500.000 votos, mientras, el PCE logró
1.938.487 votos.
Siempre
hubo trasvases de militantes de unos a otros partidos, aspecto que podría influir en engordar las cifras al ser
contados doblemente las mismas personas en dos partidos diferentes; momentos
puntuales que aceleraron los procesos fueron: la disolución del FLP en 1969, situación
que provocó la difusión de militantes a diversos partidos; y después de las
elecciones de 1977, los trasvases de militancia entre grupos socialistas y el
abandono de parte de la militancia de izquierda radical que reforzarán al PSOE.
Jorge
Esteban en el libro ‘Los partidos
políticos en la España actual’, cifra en pocos cientos los cuadros de:
HASI, LAIA, ANV, ESB, conjunto que forman Herri Batasuna tras 1980; citando ‘La
Calle’ para el PSUC da la cifra de 40.000 militantes en 1977 y caída hasta 20.000
en 1980; unos 110.000 militantes para el PSOE en 1981. Y José Ramón Montero sitúa
la máxima de militancia PCE en 1981, con 160.000 militantes. Michael Buse da las siguientes cifras de militantes en 1982; PSOE
107.000; PCE 200.000; PTE+ORT 18.000; PCOE 9.000; ERC, EE 7.000 cada; LCR
6.000; HB, MC y UPG 5.000 cada formación; PST 1.000; PC ml 1.000.
En 1982 los sueños revolucionarios de muchos
militantes radicales se desvanecen. Por
aquellos años se extendió el debate sobre ‘’la crisis del marxismo’’, uno de cuyos aspectos aquí se tradujo por el derrumbe de las concepciones revolucionarias clásicas, Stalin, Lenin,
Mao…; la vía democrático burguesa fue imparable, chocan bruscamente los textos
programáticos de las organizaciones revolucionarias con la práctica política de
aquellos momentos, y se desploma la concepción del partido como núcleo de élite
dirigente y representante del sujeto revolucionario, la clase obrera, que en
aquellos momentos se diluyó apoyando a partidos centristas y socialdemócratas,
y a los derechistas; al tiempo florecieron otros sectores progresistas,
contraculturales, que rompen la idea de militancia comunista, equivalente a un
compromiso redentor y de entrega en entera disposición a la causa, cuya idea era
común a muchas militancias de las organizaciones de la época.
Cuadro tomado de Wilhelmi Casanova Gonzalo,
‘Izquierda revolucionaria y movimientos sociales en la transición’. Madrid
1975-1982. Universidad Autónoma de Madrid. Facultad Filosofía y Letras.
Víctor Pérez Díaz, ‘Orden social: clase obrera y conciencia de
clase: política y economía’.
Papeles de Economía Española num 2. 1980
Existen diferentes
niveles de compromiso militante
Militancia que significa una dedicación
mayor a la Organización, interviniendo sobre la contradicción entre la vida
privada y la vida política, entre el trabajo profesional y el trabajo político,
y poniendo la política por delante en todos los aspectos del entorno que nos
rodea. La militancia es también una mayor profesionalización, una lucha
constante contra los métodos artesanales, contra los errores de aficionados en
los terrenos de la seguridad, del funcionamiento orgánico y de la práctica
organizada. 1974. Sobre la trayectoria de la Organización. Octubre.
Las
cifras sobre militancia tienden a cuantificar realidades diferentes. ¿A quienes
nos referimos cuando utilizamos el concepto de militante? Hay cuadros en la
mayoría de los partidos con similares grados de compromiso, sus vidas giran en
torno al partido y su utopía, pero éstos se encuentran acompañados de otros
muchos individuos con niveles distintos de militancia. Un militante
revolucionario, aquí deberíamos entenderlo como quien se mantenía establemente
activo y sometido a disciplina orgánica durante años, desarrollando proyectos
políticos, dedicado a organizar y movilizar a otras personas, participando en
acciones de agitación y propaganda, contribuyendo económicamente, dedicando
esfuerzos al estudio y formación, disponible para la organización en todo
momento.
En
el párrafo de arriba tomado de un documento de 1974 del grupo marxista
leninista, Octubre, -posteriormente llamado Unión ML, luego UCCO- podemos ver
el criterio de compromiso y entrega que entrelazaba vida política y vida
privada en la que intervenía la Organización en la que se militaba; esas ideas
sobre el compromiso militante eran comunes en muchos sectores de la izquierda
radical., lo cual reducía bastante el número de militantes que aceptaban tal
grado de intervención orgánica sobre sus vidas. A finales de los setenta ese
criterio con fuerte sentido dirigista sobre la militancia se va descomponiendo
con los aires de la democracia y el impulso de las libertades individuales, e
influye en los traspasos de militancia desde la radicalidad hacia socialismo,
ecologismo, etc.
‘La actividad política anti-franquista era
clandestina y solo llegaba a una pequeña parte de la población’, escriben Fullá
y Puig. ‘Clases sociales y partidos políticos en la transición española a la
monarquía parlamentaria’. Ferrán Fullá y Antonio Puig. Rebelión.
En
los setenta, supongamos un partido que pudiera movilizar en torno suyo a 3.000
activistas, incluso con una cierta estabilidad, -cercanos, afiliados,
colaboradores…-, lo podían lograr 500 cuadros militantes, organizados continuadamente,
la tendencia será contar por encima la totalidad de quienes asoman. Huelga en
una fábrica durante semanas, requería necesariamente compromiso y organización:
movilizados miles de obreros, en asambleas formaban grupos de agitación, apoyo
económico, seguridad, información a mass
media, de relaciones…, decenas de obreros formaban esos comités, no
necesariamente coincidentes con los sindicados, en ocasiones se rompían carnets
de CCOO y UGT por su comportamiento, los niveles de dureza, organización y compromiso
podían ser altísimos. Pero, ¿Cuánto duraba esa organización y compromiso?… En
la fábrica podían trabajar inicialmente apenas una veintena de militantes de
diversos partidos de extrema izquierda ¿Quiénes y cuantos sumarán cifras como
su influencia en revistas e informes? A los pocos meses de terminar la lucha,
los militantes de extrema izquierda que inicialmente trabajaban allí seguían
siendo los mismos. Esta es una constante de las luchas de los setenta, en
fábricas grandes o empresas pequeñas, bancos o textil, comercio o metal, grandes
movilizaciones por las necesidades inmediatas. Luchar contra un despido, ponía
en marcha un abanico de formas de lucha, legales e ilegales, en muchas
ocasiones se ganaba, pero los readmitidos no se incorporaban a la radicalidad, quizás
te acompañaban unos meses, dejando de relacionarse al poco tiempo, después se
afiliaban a CCOO, que no aparecieron para lograr su readmisión. CCOO en 1978 tiene 1.824.000 afiliados, cayó a 390.000, poco
después en 1981.
Se
podía ser agitador, de palabra y comportamiento vital, repartir panfletos,
libros, revistas, realizar pintadas, pegar carteles, en la calle, o también en
el trabajo. Se podía participar en saltos, -cortar las calles y agitar-, o
posteriormente acudir invitado a la manifestación del 1º de mayo. No era lo
mismo asistir a una charla, o varias, que acudir a encierros o guardas en las
puertas de fábricas, participar en las acciones de apoyo a fábricas en lucha
podía hacerse vendiendo cosas para lograr apoyo económico y difundiendo sus
luchas con hojas y revistas o realizando asambleas y reuniones. Hacerlo un día,
o de vez en cuando, o durante años. Muchas cifras no distinguen al militante
que tuviera estabilidad organizativa, sometido a disciplina, del activista
ocasional.
Mucha
gente luchaba a su nivel, colaboraba sin acudir a acciones de calle, prestaba
casas para reunirse, o guardar materiales y personas, contribuía
económicamente, algo vital para funcionar. Unos pintaban en sus casas carteles
o gráficos para propaganda y agitación, otros creaban objetos susceptibles de
venta, algunos transportaban o compraban materiales necesarios, otros vendían
prendas, manualidades, libros… Organizar implicaba asignar tareas, todas
importantes, el cuadro militante sumaba gente a la causa, un cuadro tendría a
su alrededor un nutrido grupo de colaboradores, además de militantes y activistas con distintos niveles
de organización y compromiso. Contar diez o veinte, puede entenderse, diferenciando
niveles, seguro que considerar
militantes revolucionarios la cifra mayor llevará a profundos errores de
análisis. Hubo grandes movilizaciones callejeras de pocos días, períodos de
luchas de un curso, reivindicaciones concretas en barrios y huelgas en fábricas
que duraron meses, y hubo trabajo estable de varios años en todos los frentes,
organizando y peleando, gente que un tiempo militó en un partido y después en
otro, individuos que lucharon durante varios años, pero esta militancia siempre
fue reducida, fueron pequeños núcleos de personas en relación al conjunto de la
población, y nunca pudieron derribar al franquismo, hasta después de la muerte
del dictador.
Guste o no, la -por todos los conceptos- ascendente
clase media española no se movilizó de forma masiva contra el franquismo, …/….
Pero si los estudios sociológicos que ya entonces comenzaban a prodigarse no
engañan, entonces podría aventurarse una razón complementaria: las nuevas
generaciones de españoles situaban el orden como un valor político del mismo
rango, o superior, que la libertad; se era demócrata siempre que serlo no
implicara un desorden generalizado. Ahora bien, una revolución es, por
definición, el mayor desorden… Santos Juliá.
Subjetivismo en las cifras como apoyo para
sustentar postulados políticos previos
La
expresión ‘‘Franco murió en la cama’’
designa una larga dictadura que no fue derribada, lo cual supone, además de la
dureza extrema de su represión, que aquella sociedad se sustentaba en millones
de españoles nacional-católicos, franquistas sociológicos, en superior número y
mayor fuerza que quienes pretendían acabar con el Régimen. La existencia de
aquella amplia base social pudo comprobarse después, millones de españoles eligieron políticas y
alternativas concretas decantados por opciones derechistas, nacionalistas y centristas,
y dentro de las izquierdas preferían las opciones socialdemócratas y reformadoras,
marginando a los anticapitalistas y radicales.
Así,
la lucha diaria fue titánica, requería de impulsos que algunos suponían
aumentarían inflando cifras de movilizados en acciones, aumentando el número de
seguidores que reafirmaran las fuerzas, el subjetivismo era herramienta para
sustentar postulados políticos que las cifras
demostraban seguían mucha gente. Era una manera de animar y fortalecer en
la unidad de esa línea política defendida por el partido, máxime cuando buena
parte de la militancia no había entrado en las organizaciones por convencimiento
y selección mediante contraste de opciones políticas diversas, era el azar
quien guiaba la incorporación a ese partido concreto, por un compañero que caía
bien, por la pareja, por amiguetes del barrio o la facultad...
El
contraste de sueños y realidad sería patente en las elecciones de 1977. Así
destacaba los datos en Madrid la revista Manifiesto
nº 31 de Octubre-Unión ML.
Candidatura de
los Trabajadores de Madrid. (ORT)………. 14.781
Frente
Democrático de Izquierdas (PT). ……………………… 12.694
Candidatura
Unidad Popular (MC, MS, PCT)………………….. 5.078
Frente por la
Unidad de los Trabajadores (LCR, OIC, AC)… 3.001
Los resultados en Madrid con una población
trabajadora que oscila alrededor de 1 millón dan idea clara de la influencia
política….
ORT habla en Madrid
de 40.000 militantes en el Sindicato Unitario… días antes llamaba a la
Huelga General por su legalización.
El PT en Sevilla hablaba de miles de campesinos,
obreros, intelectuales, amas de casa etc. que iban a los mítines de García
Castro. Esos miles eran en cada pueblo naturalmente… El resultado electoral en
Sevilla provincia fue FDI, 18.000 votos….
En Madrid obtuvo 12.694 votos. Cuando realizaron la
fiesta de San Blas (Madrid) hablaban de 80.000 personas que habían participado
¿Donde están?
Las
revistas partidistas daban cifras muy altas de participación en todas las
acciones, pero los que estábamos allí sabíamos que, por ejemplo, no eran
necesarios varios miles para traer en jaque a la poli durante dos horas en unas
calles, un centenar de individuos pueden hacerlo tras un salto bien organizado.
Si varios miles no consiguen formar una cabecera de manifestación en una calle,
quizás fuera porque eran cientos. Si a una convocatoria de apoyo electoral
acuden cientos de individuos, cuadra mal aceptar militancia de miles. Si el PCE
y CCOO frenaban habitualmente las luchas de fábricas o sectores, mal encaja
aceptar que fuera mayor militancia que la suya la de los impulsores de esas
luchas. Miles de militantes atribuidos a las acciones de extrema izquierda no
son compatibles con asistencia de cientos en la manifestación del 1º de
Mayo. Por supuesto movilizaciones
vecinales, obreras y estudiantiles de miles de individuos fueron habituales, y
compatibles con que no fueran dirigidas por uno u otro partido, aunque
aceptemos que hubiera presencia de algunos militantes de múltiples siglas
dentro de esos colectivos; la autonomía de muchas movilizaciones fue habitual,
tanto como la auto-adjudicación de todo
cuanto se movía en la propaganda partidista radical.
Altos números y proclamar victorias, pretendían
generar moral
Todos los
partidos y todas las naciones, así como todas las religiones, saben que los
sentimientos compartidos son una fuerza de unidad,… La cooperación, la
espiritualidad e incluso el amor podrían añadirse a los ‘patriotismo,
fidelidad, obediencia, coraje y compasión’ darwinianos como componentes del
pegamento social, pero resulta difícil identificarlos. Steve Jones.
Cooperación,
espiritualidad, amor, patriotismo, fidelidad, obediencia, coraje… son términos
ampliamente utilizados dentro del movimiento obrero y las revoluciones. Puede
ampliarse el significado de algunos términos religiosos a significados
políticos: iglesia, partido, religión, comunismo, sacerdotes, nomenclatura,
clero, élite política, etc. Muchos comportamientos religiosos se identifican
con prácticas políticas y a la inversa, ambos contienen poderosos agentes de unión
y exclusión, la militancia radical utilizaba de estos componentes, soportados
por la utopía. Cuando ésta desapareció,
el edificio del compromiso militante se derrumbó.
Ambos,
política y religión, quieren edificar un mundo sustitutivo del existente,
construir una interpretación particular de la vida con principios ilusionantes
y aterradores; ambas militancias requieren actividad social, exigirán
proselitismo, agitación y propaganda sometidos a reglas y normas de
organización grupal; ambas promueven la certeza en sus principios doctrinales y
en su paraíso hasta el enfrentamiento con otras doctrinas que siempre serán
falsas; una escisión construirá su identidad no solo a favor de un nuevo
paraíso y generando otras normas de comportamiento y organización, además
fomentará el odio hacia los otros, -toda identidad se construye con elementos
pro y contra-; en ambos casos fomenta la fe en las propias teorías y sus
intérpretes, fomenta la adoración a sus obispos, a la élite ejecutiva,
acompañada del desprecio a cualquier otra élite.
Ambos,
el partido y la secta, consideran ser los únicos fieles interpretes de textos
sagrados en los que se apoyan, tienen toda la razón; sus integrantes, sus
líderes se comportan como elegidos por el destino, dotados de superior calidad
al resto de mortales los permite definir nítidamente la finalidad, el paraíso
hacia el que caminar y los enemigos a destruir; ambos determinarán los fines a
lo que todo queda subordinado, todo es permitido al ir encaminado a lograr el
objetivo; las estructuras del grupo premiarán al obediente, asimilarán a
quienes defiendan el discurso interno y reprimirán y expulsarán a quienes no se
sometan… Los números aquí serán importantes.
Las cifras son terreno resbaladizo susceptible de
herir, atentarán contra postulados sustentados en ideas tales como las
siguientes: ‘’el pueblo haría caer la dictadura; la inmensa mayoría de los
españoles en un lado se enfrentaba a la camarilla del Pardo; La gente, todos
contra la oligarquía financiera y terrateniente; Los españoles quieren una
revolución y están en puertas; no se llegó a ella porque unos pocos,
traicionaron a la mayoría revolucionaria del pueblo…’’
Aquella ensoñación escondía la realidad. Éramos muy
pocos militantes en la izquierda radical y la inmensa mayoría de españoles no quería
revoluciones. Si bien las movilizaciones en el tardo franquismo fueron muy
fuertes, lo fueron fundamentalmente por mejorar las condiciones de vida y
defenderse de las agresiones, despidos, sanciones, topes salariales, inflación,
paro… era evidente que la gente no apoyaba las opciones políticas que pretendieran
un Nuevo Mundo Socialista,
eligieron una sociedad parecida a la francesa, mejora de condiciones de vida,
libertades, derechos, formas sociales europeas eran el objetivo deseado por la
inmensa mayoría; quienes se incorporaban a la lucha rechazaban sumarse a las
opciones de la izquierda radical identificadas como sectas buscando mayor
comodidad en la cercanía del revisionismo, o incluso abandonándolo para
acercarse a los reformadores, menos exigentes y más laxos en su militancia y
con mayor proximidad al objetivo de libertades individuales democrático occidentales.
Tras el 23-F
y las elecciones de 1982
El apabullante triunfo del
PSOE en las Elecciones Generales de 1982, más los resultados de la derecha,
junto a los pocos votos recibidos por opciones izquierdistas, marcan el fin de
etapa para los grupos y partidos de la izquierda radical. Los sueños
revolucionarios se desvanecen, si bien desde bastante antes vivíamos señales
que lo indicaban, las elecciones de 1982 son el punto de inflexión. ‘La crisis del marxismo’, sobrevenida
poco antes, dio nombre a una época en la que fueron
replanteadas muchas cuestiones por grupos e intelectuales del entorno marxista
que pretendían construir la Nueva Sociedad sin clases y sin explotación.
Naturalmente las cuestiones
internas y personales fueron muy importantes en las rupturas políticas, pero
una mirada al conjunto de la izquierda radical muestra que muchas organizaciones
sufrieron procesos similares de escisiones, crisis y desaparición por los
primeros ochenta, lo cual permite afirmar que las relaciones políticas, y
personales, iteraban con la crisis del entorno que era dominante, las mismas
bases materiales, ideológicas, políticas, afectaron a la militancia radical de
manera similar en toda España.
La militancia
izquierdista-radical fue siendo erosionada por las perspectivas democráticas a
finales de los setenta tras muchos años acumulados de luchas, disciplina,
privaciones... los escritos programáticos de los partidos se iban alejando de
la realidad diaria que vivían sus militantes, las propuestas concretas tenían
pocos vínculos con los sueños revolucionarios que en la realidad se
desvanecían. Todo partido es una máquina de lucha por el poder, externo e
interno, los marxistas leninistas,… aceptaban las tensiones que surgían bajo el
criterio supremo de que el fin
justifica los medios. Cuando el fin revolucionario se
evapora, los medios no se soportan y aumentan las grietas, escisiones,
abandonos individuales, traspasos al PSOE...
El PSOE se configuró a comienzo de los ochenta como opción
susceptible de alcanzar el poder político mediante las urnas, una de cuyas
explicaciones se encuentra en la voluntad ampliamente mostrada por la
ciudadanía, que apoyaba, prefería y deseaba medidas transformadoras de la
sociedad, pero sin que éstas fueran revolucionarias. La base social sobre la
que debía actuar y los deseos de la sociedad en general, empujaban en la
dirección democrática, recuperar tiempo y libertades de la etapa republicana,
incluidas las nacionales (la memoria histórica) y la lucha por satisfacer
necesidades básicas de libertad, justicia, y por supuesto mejora de las
condiciones materiales de vida.
Este marco político se puede calificar de socialdemócrata, para lograrlo
e intentar satisfacer esas necesidades era obligatorio dotarse de la maquinaria
de partido necesaria y urgentemente. El Partido Socialista se fue construyendo
con varios grupos, retales e individuos, pero evidentemente hubo intención de
crear un marco socialdemócrata, más democrático y abierto tradicionalmente que
el comunista, menos contaminado históricamente por purgas y excesos
ideológicos, un partido en el que tuvieran cabida miles de personas insertas en
movimientos sociales, imprescindibles para dirigir una sociedad que necesitó unos 50.000 cuadros dirigentes socialistas en
muchos niveles sociales; ministros, subsecretarios, directores generales, jueces,
diplomáticos, mandos policiales, militares, alcaldes, concejales, dirigentes de
empresas públicas, administración educativa, sanitaria, universitaria,
senadores, congresistas, cargos de partido, sindicales,… un sinfín de cargos
intermedios de múltiples departamentos de la Administración del Estado y
empresas públicas.
Para muchos militantes de las opciones políticas de izquierda
radical aparece la posibilidad de transformar la realidad en el PSOE, y se produce
una masiva incorporación de activistas de extrema izquierda, y del PCE,
preparados profesionalmente y curtidos políticamente, se acercan a los
socialistas que en esos momentos tienen necesidad imperiosa de ellos para
cubrir múltiples necesidades y niveles, así desde finales de los ’70 se produce
el trasvase de militantes de los partidos y organizaciones obreras, vecinales y
universitarias. El PSOE de esa etapa, no está compuesto por los viejos
socialistas que ordenan y desplazan a
los rincones los añadidos izquierdistas, la militancia del partido se
construirá con los socialistas antiguos de diversas corrientes que se unen en
1979, los nuevos procedentes de su casa y además con la valiosa incorporación
de cuadros izquierdistas en todos los niveles, lo cual dotó al PSOE de fuerza y
capacidad de influencia en la sociedad permitiéndole consolidar sus triunfos.
Muchos militantes revolucionarios, quedaron fuera de aquella
nueva realidad, renegando de la sociedad que se construía, poco después de los
primeros triunfos socialistas miles arrojaron sueños perdidos en lo que se
llamó el desencanto. Existió, diverso y con matices, se confundieron y
generalizaron los síntomas de frustración con otros aspectos presentes entonces:
la incorporación de los militantes de izquierda radical al PSOE para realizar
tareas de administración política retiraba activistas de las calles y
movimientos sociales para institucionalizarlos. Otra cuestión confundida con el
desencanto fueron los cambios que iban modificando la vida a millones de
españoles que percibieron avanzar en cumplir sus sueños; frenaban porque percibían
que lograban mejoras.
Las movilizaciones y luchas lograron amplias libertades
ciudadanas, nacionales, feministas, participativas… y agua caliente y fría,
colegios y universidades para sus hijos y por primera vez en la historia
también para sus hijas, atención sanitaria, pensiones, centros sociales y
cívicos, viajes del Imserso, hospitales, etc. etc. Esta realidad que transformó
a millones de españoles no fue aceptada por muchos activistas que contemplan lo
logrado como una derrota y dejan la propiedad de los éxitos en manos
derechistas; sin considerar que lo conseguido contiene muchos de los sueños y
proyectos presentes
en las luchas del movimiento obrero, anarquista, comunista, socialista, tales
como ideas sobre la libertad, de sindicación, de
desplazamiento, de matrimonio y divorcio, sobre igualdad y derechos a la
educación y sanidad para los no pudientes, derecho a pensiones que permitan
vivir sin trabajar por vejez, enfermedad, paro o discapacidad, etc.
Las cifras de militancia, recordadas a posteriori,
pueden estar idealizadas
Agosto
de 1969, festival de Woodstock; hubo 400.000 personas. A medida que pasó el
tiempo, las encuestas que preguntaban sobre la asistencia, daban respuestas de
millones de personas que afirmaban haber estado allí. Escucharían a Jimi Hendrix, The Band, Ten Years After, Joe Cocker,
Canned Heat, Blood Sweat & Tears, Santana, Crosby Stills Nash & Young,
Jefferson Airplane… o Janis Joplin, pero no en Woodstock.
Las cifras sobre militancia pueden estar
contaminadas por idealismos, aquello que valoramos, queremos resaltarlo. La idealización de vivencias
personales es normal, siempre que dichas experiencias sean entendidas de manera
positiva por el entorno social. Individuos que en su día pudieron estar cerca
de la organización A, o que colaboraran en algún momento con ella, podrían
definirse como militantes de la misma si con ello obtuvieran reconocimiento, e
inflar su número dará mayor relevancia.
Algo similar a lo reseñado sobre Woodstock ocurrió
en España. Compañeros de trabajo que nunca movieron un dedo, nunca repartieron
un panfleto en la puerta del metro, no asistieron a una manifestación, ni se
implicaron en compromiso alguno… eran capaces de decir años después, ‘te
acuerdas de cuantas manifestaciones hacíamos’
Las
injusticias y explotación continúan bajo otras formas –siempre lo harán en
cualquier sociedad- y la militancia para combatirlas adoptará nuevas maneras en
variados terrenos de lucha, feminista, ecologista, sindicalista,…en general
acomodados a la nueva sociedad que toca vivir.
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