Los
análisis sobre España mejoran su comprensión si integramos al conjunto de
interpretaciones, la existencia de la derechona y su poder e influencia
en las élites y en la sociedad, su histórica ideología carca anclada en la contrarreforma
e inculta en cada momento histórico, enemiga acérrima de la cultura, del
conocimiento, de la ciencia, la racionalidad, investigación e innovación, como
fuentes de progreso –tradicionalmente nuestros horizontes se ven cargados de
torres y campanarios y no de chimeneas que indican producción y trabajo, un
país de pocas escuelas, y religiosas, y solo muy recientemente de públicas-.
Gentes
que dominaron el país asentadas en privilegios reales, religiosos y
conquistados por la sangre desde la Edad Media, sin revoluciones burguesas que
cortaran cabezas y limitaran sus poderes desde hace 200 o 300 años, llegando
hasta ayer a los que sumaron los
conseguidos con la sangría que cometieron en la guerra civil, y posterior
postguerra. Derechona que en grandes períodos históricos dominó y sometió al
conjunto de la derecha y el pensamiento conservador homologable con el europeo,
enemiga del trabajo como fuente de riqueza que nunca potenció ni valoró, bien
al contrario, despreció, y que para más inri creen ser los dueños del país, por
la gracia de Dios, de sus tierras, bosques y playas, comercio e industrias, de
sus gentes y futuro, de banderas y símbolos. Alguien puede explicar acudiendo a
conceptos como capitalismo o mercados, la sinrazón e injusticia de que la
Iglesia Católica se apropie e inscriba en el Registro de la Propiedad la
Mezquita de Córdoba, por 30€ -treinta euros les costó, e incluso la están
cambiando el nombre en carteles, libros, entradas- así como multitud de
propiedades comunales, tales como ermitas, fincas, montes, edificios… todo ello
apoyados en una ley del Gobierno del PP de Aznar que les permitía inmatricular aquello que no estuviera registrado y ponerlo a su nombre. Eso sí, como de
costumbre sin pagar impuestos, como tampoco los paga por solares,
aparcamientos, edificios…
Los
capitalistas carpetovetónicos, individualmente o encuadrados grupos políticos o
en patronales modernas, apoyan a sus corruptos convictos y confesos, son enemigos
de toda competencia y mercados, que se las traen al fresco para ganar dinero mientras
tengan subvenciones estatales y concesiones privilegiadas, sean de radio
televisión, como de líneas de transportes, sean de suelos o restricciones de
entradas en sectores productivos… facilitadas por su amigos políticos, al
precio que fuere. Mercados y capitalismo competitivo les traen al fresco,
mientras tengan cercanía con caciques que les permitan mamar del Estado,
reminiscencia franquista no desterrada de tiempos más antiguos, amplias
concesiones y privilegios a grandes empresas, como el agua de nuestro ríos a
eléctricas, o suelos bosques y playas a industrias no competitivas para que se
aprovechen de las ventajas, o grandes concesiones de obras públicas entregadas a
constructoras e importadoras o telecomunicadoras
amigas, a cambio de sobornos –así
los llama la prensa extranjera a los aquí muy suavecitos sobresueldos- ;
garrulos que se enriquecen mutuamente junto con los caciques locales y regionales
por recalificaciones que perjudican a los pueblos, tratos de favor y
privilegios a donantes pequeños o medianos y correligionarios, colocación y
trabajo en empresas públicas creadas ad hoc a familiares y amigos, pléyades de
asesores como aduladores y nuevos cortesanos, -Ayuntamiento de Madrid 200
consultores amiguísimos, con sueldos por encima de 50.000 € salario suficiente
10.000.000, para pagar 1.000 nóminas—Los etc. son tantísimos que se convierten
en una de las causas principales que explican la situación de España, y no los
mercados.
El
problema se agrava por los apoyos sociales a corruptos y ladrones, porque ‘son sus cabrones’, la ideologización
llevada a las últimas consecuencias por el pueblo e instituciones, que benefician
a los indeseables a costa del perjuicio particular y colectivo, el patrimonio
público que reparten, y que habrá que pagar a través de impuestos. Los
escándalos de Marbella, Valencia, Madrid, Galicia, o Andalucía… amén de una
pléyade ayuntamientos y gerentes de instituciones, con repetidas mayorías
absolutas conseguidas por corruptos, es prueba de la pérdida de moral
colectiva. Sumen el desastre que representa para una sociedad democrática comprobar
que los servidores del orden público, no protegen ni sirven a los ciudadanos, y
ver que la policía solo pega y detiene alos que protestan por tanto delito y tanta injusticia cometidas por
selectos personajillos, cuando podrían evitar las protestas cumpliendo con su
deber democrático deteniendo a los que provocaron los desaguisados. Nadie puede
justificar por qué un tal Bárcenas entra y sale como quiere, cuando quiere, sin
que nadie le moleste, y a los sobornados, según la propia investigación policial,
les siguen prestando protección,…. o tantos evasores fiscales comprobados por
los datos de la lista Falciani son protegidos por autoridades y medios de
prensa para que sus nombres no se conozcan.
Los
mercados poco pueden explicar sobre lo acontecido en España relacionado con la
actitud complaciente y de pérdida de ética de los muchos individuos que dirigen
instituciones que son arrastradas beneficiando a unos pocos indeseables
privilegiados obviando el beneficio debido a la sociedad en su conjunto,
saltándose normas y espíritu de las leyes, renegando de la mínima justicia y
eficiencia en sus trabajo de control que siempre perjudica al pueblo en la
misma medida que beneficia sus bolsillos, vemos una falta manifiesta de
controles, sean bancarios, o de agencias reguladoras de competencia, o del
Tribunal de Cuentas o de ministerios en defensa de lo público para y por lo que
cobran. Igual se puede aplicar a los órganos de dirección de la judicatura,
apoyados por correligionarios en sus tropelías de uso de caudales y favores, o
los retrasos judiciales en atacar robos y delitos de puños blancos, mientras se
aplica máxima diligencia en un robo de manzanas. Contra un mantero y un fumata dilapidamos recursos que
deberían destinarse a luchar contra el narco organizado y los grandes defraudadores,
muestra de máxima protección de mandatarios públicos contra de la ineficiencia
económica y social.
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