Desconocemos una
propuesta concreta sobre la pretendida independencia, solo unas frases que
marcaban deseos no ajustados a la realidad, como el de Catalunya independiente
que nacería como estado en la UE, desmentido ampliamente por la legalidad
vigente y por la cantidad de cribas legales que debería pasar una asociación o
acuerdo de un nuevo estado, imprescindibles con la aprobación de España –aclaratorio ‘1.960 escalones’ de José Ignacio Torreblanca- y por variadas declaraciones de
autoridades de la UE que insisten en que de entrada quedaría fuera de la UE y
para entrar sería necesaria la aprobación de todos los países, de forma
unánime, tal como se toman las decisiones en la UE. Su encaje en la ONU tampoco
se ve factible en base a la legislación vigente, la 2625, anticolonial, y
considerando que hay múltiples estados que no aceptarían una segregación de
otro legalmente constituido, aunque solo fuera por evitar problemas ya que ese
derecho no reconoce constitución nacional alguna.
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